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…NO hallada en el templo. Los de la Asociación Murciana de Mediadores, a través de su presidente, antíguo amigo mío, quieren que yo sea su delegado, o su representante, o su franquiciado, o su portavoz, o su factótum, o su loquesea, aquí, en mi pueblo, en Torre-Pacheco… Bueno, en esto, ni yo mismo me aclaro conmigo mismo. Tengo dos pueblos, donde nací y me crié, y donde trabajé y medré. Y ambos eran uno cuando nací, o sea que… Bueno, a lo que iba, que me piden que colabore con ellos en dar a conocer la mediación en el municipio. Y me ponen en un brete un tanto entrañable (no soy capaz de separar mis experiencias de mi conciencia). Y porque lo saben, lo hacen. Confieso mi debilidad a resistirme en ciertas cosas y casos, tanto como mi firmeza para rechazar otros.

            Y es que me ha pasado más de veinte años mediando entre los conflictos de mis paisanos a través del Juzgado de Paz, y es de las escasas satisfacciones personales que me quedan de todos mis “Trabajos de Hércules” hechos en mi vida. El haber podido ser útil en la solución y resolución de problemas entre vecinos, en la eliminación de las diferencias, en limar conflictos entre la gente… Luego, después, al poco de ceder el cargo de Juez de Paz, viene Justicia y acomete ciertas reformas encaminadas a la eliminación a la larga de esos Juzgados de Paz, que desde La Pepa han servido a las comunidades, y comienzan por quitarles de en medio los Juicios de Faltas, con lo que deja a los vecinos sin un elemento básico de dirimir sus diferencias, de intermediación en sus conflictos por parte del Juez de Paz. Una burrada y una lástima.

            Una burrada, porque esta medida produce tres aspectos tremendamente negativos, al menos: judicializa lo que debería desjudicializarse, aleja las soluciones del ámbito local y vecinal de cercanía, y encima sobredimensiona la ya colapsada carga judicial. Y es una lástima porque se carga el único aspecto positivo: la labor de mediación que, a través de esa figura, ejercía el Juez de Paz entre la gente de su pueblo. Mi experiencia personal fue lograr evitar la llegada a juicio en el 90% de los casos por intermediación en las faltas. No exagero un pelo. Es un dato fácilmente comprobable en los archivos y memorias del Juzgado de Paz de Torre-Pacheco.

            Así que, claro, los de la Mediación, mediación aconsejada por la propia UE para todos los países miembros, aunque aquí, en España, como siempre, seamos renuentes y viajemos en el furgón de cola, lo saben los joíos y me tocan la fibra de tonto útil. Ya veremos. Tengo una conciencia, como digo, que es mi peor enemiga, además de tender a golfa en ciertas cuestiones de ídem.

            Lo que pasa con esto es que la responsabilidad de los ayuntamientos en ello es elemental, si bien no necesariamente obligada ni estrictamente necesaria. El acercar los servicios de mediación a su ciudadanía y establecerlos en sus pueblos y en sus órganos de funcionamiento y de gobierno, resulta tremendamente ventajoso en sus habitantes. Y es la obligación moral (yo diría incluso que en un futuro cercano será la obligación legal) de esos ayuntamientos el facilitar la implantación en sus municipios, como uno de sus servicios quizá que más indispensables de cara a sus ciudadanos.

            Por lo tanto, de momento me mantengo alerto, abierto y dispuesto a la colaboración. Repito, me aprieta el zapato de la coincidencia con la conciencia. Solo espero que a la de los demás de los que les puede, y les debe, corresponder, también les oprima el corsé, si lo tienen. Y se dejen de politiquerías vacías. Y así, entre todos, quizá… Enfin, no sé… les mantendré informados.

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PRÓXIMO VIERNES, 20 ABRIL, 10,30 hh. En 187,7 FM: Programa de Radio EL MIRADOR.- Título: RE-CONOCER-SE. (interesante)

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Cada vez que me tropiezo, y me tropiezo muchas veces, quizá demasiadas, con la frase de “es que van provocando”, compruebo que siempre, siempre, tomamos el rábano por las hojas, y siempre, siempre, lo entendemos al revés de como deberíamos…

Pues claro que provocan. Es que se trata de eso mismo, de provocar. Mientras no comprendamos que el problema no está en el que provoca, si no en el sentirse provocado, no saldremos del atolladero…

En un lugar del Evangelio se dice que el mal no entra de fuera, si no que sale de dentro. Si yo me siento escandalizado es porque el escándalo está en mí, pero no en el que quiere escandalizarme.


Murió Stephen Hawkings. D.e.p.- La mente más prodigiosa y extraordinaria, encarcelada en un cuerpo enfermo de Ela, ha dejado de existir, al menos en esta estancia terrenal. El más grande astrofísico de todos los tiempos, cuya meta para mantenerse vivo – según su propia confesión – era conocer el origen del universo, ya no está con nosotros (pero sí entre nosotros). El autor de la teoría del Bing-Bang se ha liberado. De sus obras más famosas, “Breve Historia del Tiempo”, es quizá la más mediática y conocida de todas, y quizá, es posible, que ahora él resida entre los bucles de ese tiempo y espacio que tan magistralmente dio a conocer a millones de personas legas como nosotros.

            Hawkings se definía a sí mismo como ateo manifiesto. Y las iglesias y trusts mundiales aprovecharon la oportunidad de tal sinceridad suya para desacreditarlo a él y a la ciencia que desarrolló (yo creo que descubrió, no que inventó) porque pone en entredicho todos los dogmas construidos por las religiones. Pero no fue interpretado correctamente, a sabiendas. Más claramente, fue malinterpretado a conciencia, con un propósito definido: el de salvaguardar esas normas y esos dogmas religiosos que tanta influencia y poder otorgan a los interpretadores de los credos y a los exclusivos representantes de las fes. Los seguidores y creyentes han de saber que tan eminente científico era un ateo confeso, dicen. Y creo que a él no le importaba en absoluto. Pasaba de eso.

            Sin embargo, la realidad es que no era un ateo propiamente dicho. Cuando decía que él no creía en Dios, lo que dejaba claro para quien quisiera entender, era que él no creía en el Dios que nos exponía cualquiera de las religiones existentes. Ese era su auténtico ateísmo. Pero cualquiera que haya leído alguno de sus libros encuentra un Dios mucho más allá que el representado por las religiones, que consideraba caduco para el intelecto humano, e incluso que el presentado por él mismo, que consideraba aún ignoto y por descubrir por ese mismo intelecto humano.

            Él descubrió la física que mueve el universo desde su creación, desde su aparición. Y aplicando sus leyes desarrolló la teoría del Bing-Bang. Una incalculable e indefinible explosión inicial que liberó ingentes cantidades de energía que dieron origen a todo lo conocido y aún por conocer, y cuya longitud de onda todavía se capta con los modernos radiotelescopios. La actual física quántica, así como la teoría de la Relatividad, de Einstein, parecen darle toda la razón.

            Pero esa mecánica movida por quantums de energía primordial requiere un motivo inicial, anterior al propio Bing-Bang, con un propósito definido. Y eso apunta a una cierta inteligencia. Siempre se descubrirá un más allá, quizá, de ese estallido original, y aún y así, siempre también habrá una causa anterior provocadora. Lleguen donde lleguen las futuras investigaciones, solo sabremos los efectos de una nueva, por conocida, causa. Ese era el Dios de Hawkings. El que siempre está más allá de cualquier primera causa conocida.

            Por eso, bendito ateísmo el suyo, que nos acerca al conocimiento de un Dios más verdadero que al hecho por las religiones a imagen y semejanza del hombre. No sé si me explico…

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Cada vez que, por ejemplo, Apple lanza un nuevo modelo de móvil, que, además, cada vez es menos móvil porque cada vez es más ladrillo, un inmenso ejército de colistas hacen ídem en todas las tiendas del mundo mundial para hacerse con el último cacharro…

Y, sin embargo, lo cierto y verdad es que pagamos cada vez más por un teléfono por el que cada vez se habla menos por teléfono. Son avances tecnológicos de otras prestaciones, sí, vale, pero no telefonicas…

Yo recuerdo que la generación de aquellos primeros móviles eran mucho más rápidos en efectuar una llamada que los de hoy. Incluso en contestar. Porque un teléfono es para llamar y ser llamado… ¿o acaso no?.

30 AÑOS DE LA OPINIÓN

Este año de 2018 este periódico cumple 30 años que, si bien no es mucho, si lo comparamos con la vida humana entonces es un lapso de tiempo más que respetable. Ángel Montiel calculaba que era la mitad de su vida, y, prácticamente, casi toda su vida profesional, y lo recordaba en un artículo coincidiendo con esta efemérides de esta Opinión nuestra de cada día. Y lo cierto es que concede una perspectiva sobradamente suficiente para analizar vivencias y experiencias. Al menos, desde la existencia de cualquier persona, por supuesto.

Y es también lo que me pasa a mí. Yo he envejecido escribiendo durante esos mismos treinta años desde esta columna todas las semanas. Ininterrumpidamente. Nada más comenzar la vida de este periódico yo empecé a enviar tímidos artículos esporádicos sobre la política de entonces. Era la época del ocaso de Felipe González, y los primeros escarceos de la corrupción en la democracia española, de la que el presidente se enteraba por la prensa. Comparado aquello con lo de hoy, el nivel de aquella porquería era una ingenuidad con respecto al hedor insoportable que nos invade en la actualidad. Una nadería, señoría… La basura y la suciedad que antes apenas ensuciaba por un hermano sinvergüenza de Alfonso Guerra que se aprovechaba de la situación de su fráter, hoy trufa las instituciones y gobiernos enteros. Nada que ver lo uno con lo otro…

Fue entonces cuando Paloma Reverte me propuso escribir una columnica semanal sobre temas empresariales, dado que en aquel tiempo involucraba mi vida en la Coec hasta extremos inconcebibles. Tenía más cargos que tiempo. Lo que ocurrió fue que le dije que, si había de ser un columnista libre (sin emolumentos), mejor que mis temas fueran igualmente libres. Y que pudiera escribir desde el Arco Mediterráneo hasta el sexo de los ángeles. De todo y por todo. Y así fue. Directores como Paloma, Cerón, (el actual aún me debe compartir un café, una caña, una sentada), tantos otros a los que citarlos me ocuparía demasiado espacio, y el mismo Ángel Montiel, con el que me une esa misma y vieja relación de tres décadas, y al que aún molesto, y en el que me empleo, para que el trabajo no le sea excesivamente liviano…

Uno de esos años, antes de la mitad del camino andado, la emisora de Radio T.P. 87.7 Fm de mi pueblo, me propuso hacer un programa y lanzar estos artículos al aire desde mi Mirador de La Opinión, para ser comentados. Citando, como es natural, el periódico origen, “como hacía Paco Umbral en Madrid con sus crónicas del ABC”, argucia convencedora que usó el director de la emisora. Y esto que ustedes leen adoptó una dimensión nueva, una doble naturaleza: la radiofónica… Luego, después, vinieron esos Chispazos para los que me reclutó el mismo Ángel, y, cuando el periódico se digitalizó, que es algo así como adquirir valencia internetiana, igual me sumé con un Blog de columnista desde cuyo Mirador en la nube, a veces conmigo en las nubes, sigo llegando a ustedes todos los días…

O sea, que los treinta años que este año cumple este periódico La Opinión, son también mis treinta cumpleaños en mis más de setenta de rodaje por una vida que ya me vá restando fuelle y capacidad disquisitiva y adquisitiva… Demasiada edad para volver a volar y volver a valer. Ya solo quedan recuerdos compartidos y sueños perdidos, tiempo empleado y un plan inacabado. Y una experiencia hecha de papel y tinta, como el cuerpo y la sangre místicos, desde la que me he ido derramando cada semana, cada día, de la vida a la que nació este periódico hace esas tres justas décadas. Mi visión es la misma que la de Montiel, salvando las distancias de las habichuelas, claro. Y suscribo desde aquí todos y cada uno de sus sentimientos vertidos y escritos en su columna de referencia. Ambos hemos crecido, madurado y envejecido desde estas páginas…

Así que hoy, desde aquí, quiero felicitar a La Opinión y a mí mismo, si ello es posible. Al periódico por su cumpletacos, y a mí mismo por el privilegio que me ha supuesto mantener con todos ustedes, los que me siguen, los que me leen bajo esta letra impresa de este siempre mismo diario, un contacto plácido y fluído, y participado, amable y entrañable, y espero que amigable. Treinta años dan para muchas bienvenidas y despedidas, y quiero aprovechar la efemérides para agradecer y recordar en la memoria a todos aquellos que leyeron estas columnas hasta su propio final. A cuantos ya nos esperan en otras realidades. Y a cuantos son, y han sido, fieles a este escribidor y a este periódico. Lo que viene después, ya lo veremos…

Porque no sé cuánto tiempo aún seguiremos aquí, juntos desde el principio. ¿Quién puede saberlo?.. Nadie puede asomarse a los espejos de nadie, ni en aguas ajenas sumergirse. Pero hay que agradecer el camino que se anda en compañía, y hemos de valorar el tiempo del espacio compartido, como un tesoro irrepetible e inestimable. Y justo eso mismo quiero transmitir hoy, aquí, en este lugar común y añejo, en este sitio de todos… Esta es la idea.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / El Mirador / www.escriburgo.com / viernes 10,30 h. http://www.radiotorrepacheco.es/radioonline.php

Publicado por MIGUEL GALINDO SANCHEZ en 6:00


La majadería de los hinchas del Barça es espeluznante. Llenan el Camp Nou de esteladas, pitan el himno nacional, y le hacen el caldo gordo al independentismo cretino. Eso, claro, por un lado…

Mientras, por otro, sus ídolos más carismáticos incluyen cláusulas en sus contratos como abandonar y marcharse si Catalunya se independiza de España, ya que solo podrían jugar dentro de la mediocridad de equipos catalanes, y su caché sufriría un serio menoscabo…

O sea, que jalean aún sabiendo que el nivel de su venerado equipo quedaría a la altura de Matalascabras del Monte, si consiguen lo que exigen. ¡Menuda inteligencia la de los culé!..


Prefiero hablar de tratamientos porque la palabra manipulación puede ser malinterpretada, y no de mal, si no de malvado, o sea, malvadamente interpretada. Así que, por si las moscas, hablaremos de eso, de los tratamientos distintos que solemos dar a los mismos casos, al diferente trato al que nos adherimos porque así se nos encamina más o menos sutilmente.
Y he dejado cierta distancia en el tiempo para que se alejara un poco el doloroso episodio de la muerte del niño Gabriel. Este inmenso drama humano ha adquirido unas cotas de sensibilización social que ningún otro anterior no menos terrible que éste, ha logrado alcanzar. Y este fenómeno no es achacable a una ciudadanía que es igual de permeable emocionalmente en otros casos iguales. No. Si se ha producido con gran diferencia de escala en este caso con los anteriores (ej. Caso José Bretón, en que fueron dos los niños víctimas, o el más reciente de otro padre desalmado que mató a su hijo con una sierra de disco).
Y perdónenme el tener que citarlos, aún que no es agradable en modo alguno, pero es por causa del desigual tratamiento otorgado por los medios de comunicación, por el estamento político y gubernamental, y por las directrices dadas a tales medios de difusión públicos e instituciones y fuerzas a su cargo. Cuando la diferencia se siente tan enorme entre uno y otros casos similares, no se intuyen los motivos humanitarios, puesto que todos los dramas son iguales. Así pues solo se adivinan los motivos políticos y estratégicos del momento.
No es normal una Misa de córpore insepulto con asistencia de la vicepresidencia del Gobierno, presidencia autonómica, ministerio del interior, delegación de gobierno, cúpulas policiales y políticas, obispo mitrado y demás cargos curiales… No digo que no lo merezca, no, digo que no es normal una carga representativa y mediática que no se ha producido en otros casos desgraciadamente a éste próximos en el tiempo… ¿Tiene que ver la incapacidad de resolución de problemas como el catalán, entre otros que hay que disimular con estas cosas?.. ¿Tiene algo que ver que el partido del gobierno esté en caída libre en todas las encuestas y al año próximo comience el carrusel electoral?.. No sé, pensémoslo.
Lo de la gente es fácil de enfocar sus sentimientos de atención aquí o allí en momentos determinados y en la intensidad apropiada. Me viene a la memoria, hace unos años, el caso del esquiador hispano-alemán Johann Mühlegg, que ganó una medalla de plata en unos Juegos de Invierno, y que formaba parte del equipo español. De inmediato, desde los medios políticos y mediáticos, se dio en llamarlo Juanito por activa y por pasiva con la mayor efusividad y cercanía. Juanito fue héroe nacional de casta y raza por un tiempo. Justo hasta que le retiraron la medalla por caer en una investigación por dopaje. A partir de ese preciso momento, como por ensalmo, volvió a llamarse Johann para todo el mundo de nuevo, y se le cayó la españolidad para ser solo alemán.
A eso me refiero cuando hablo de tratamientos. Que cambiamos, bajamos o subimos, mantenemos en cartel o dejamos caer en el olvido, el tratamiento, según las conveniencias o según las influencias. Lo demás es dejarse llevar por el eco de los tambores…


La otra anoche ví “El Filandón”, película única de un autor desconocido, hecha por actores aún más desconocidos. Cero profesionales y basada en cinco historias, cinco relatos, cinco cuentos, eso sí, de autores conocidos…

Y la verdad es que la películica me impresionó. No digo que me gustó, digo que me impresionó. No digo que me arrebató, digo que me impresionó. Para que se me entienda bien entendido…

Todas las historias tratan de almas y de cuerpos, de cuerpos y de sus almas. Y una de ellas dice que, al final, el alma viaja para morir en el mismo lugar donde nació. Y me dio que pensar. Y me dio qué sentir…


Tras los sucesos de los hinchas rusos en Bilbao, que se saldó con la muerte de un ertzaina, aparte heridos y destrozos causados, el lamentable espectáculo del europeo PSG francés, donde la propia directiva del club se alentó a los burros contra el Real Madrid, y otros más posteriores, que no cesan, parece ser que la Fifa se ha asustado un poco, tampoco mucho, y empieza a intuir que este monstruo creado a sus expensas y criado en sus despensas, se le puede revolver y darle un disgusto serio. Y ha anunciado que quiere actuar con menos tibieza que hasta ahora. Ya veremos…

            Yo, de momento, no me lo creo. La Uefa está formada por los principales equipos continentales del mundo. Y todos esos equipos, y los de medio pelo también, tienen, mantienen y retienen, usan y abusan, y se aprovechan, de sus correspondientes hinchadas. Son sus incondicionales, sus fuerzas de choque, sus guardias de corps, sus tontos útiles, sus SS radicales. Y la Uefa se ha convertido – no lo olvidemos – en una organización internacional con una estructura de poder semimafiosa que intenta imponerse en sus intereses a los propios estados de los países miembros de ese invento. Sus intereses económicos son tan gigantescos y enormes que interfieren hasta en esos gobiernos con prácticas de presión y hasta chantajistas. Ejemplo, la amenaza de dejar a España fuera de las competiciones internacionales si se lleva el caso Villar a rebasar sus límites establecidos.

            El problema que ha sobrevenido al fenómeno de los hinchas es que, desde cierto tiempo acá, se les han unido todos los movimientos nazis, de skingers, racistas, extremistas y violentos de todas partes. Y populistas (fíjense en el Barça, sin ir más lejos). Y se han convertido en una amenaza seria para la seguridad pública de todos esos países. Y esto, hay que estar muy, pero que muy ciegos, o muy interesadamente ciegos, como para no verlo.

            Lo que pasa es que aquí hay una venda en los ojos que no se quiere quitar. Y una realidad que no se quiere admitir. No se quiere reconocer el alto costo que supone montar esos dispositivos de seguridad, aparte los destrozos ocasionados. La ingente cantidad de medios públicos y humanos que hay que movilizar en cada uno de esos partidos. Eso vale mucho, mucho dinero (cada vez más) y se costea del erario público, del bolsillo de la ciudadanía, produciendo así un agravio comparativo absolutamente inmoral. Habría, en justicia, que valorar esos posibles beneficios de los que tanto presumen y los costos que tanto cuestan, y ver si merece la pena. Y si lo merece, entonces ese costo que lo paguen los que obtienen esos beneficios. A lo mejor nos íbamos a sorprender…

            Lo que ocurre en este puto punto es que los políticos se bajan los calzones, y se venden, y se rinden ante una masa de ciudadanos aborregados que lo justifican todo por “su” equipo, y que salen a babear a las calles con una papeleta de voto en la boca. Y entonces, se les proporciona la infracultura del fútbol. Porque si se les proporciona la auténtica cultura, se les puede venir abajo el montaje de Pan y Circo del que tan buenos réditos obtiene. Al fín y al cabo, el costo se le quita a esos mismos ciudadatas de su bolsillo…

 Los futbolistas y ejecutivos ganan una pasta gansa brutal para que otros solucionen los problemas causados. El ejército de caparras que viven de esto, que no le interesa que se venga abajo el montaje. Y la abducida ciudadanía, ya me dirán… Así que, habrá bárbaros como habrá asnos, mientras haya ignorancia…                  

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PRÓXIMO VIERNES, 13 ABRIL, 10,30 hh. En 187,7 FM: Programa de Radio EL MIRADOR.- Título: 30 AÑOS DE LA OPINIÓN. (recomendado)

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