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ÍSMOS Y MODISMOS

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Resultado de imagen de machismo y feminismo

El feminismo no sé dónde está representado. Lo ignoro. Pero el machismo sí sé dónde lo está: en el pene. Y no existe machismo solo contra las mujeres, si no que el machismo se hace también contra el propio hombre. Y casi siempre esconde una carencia, o el temor a una carencia. El ámbito militar es donde más se nota y donde más está representado. Los misiles que lanza Kim-Jong-Un desde su Corea del Norte es como el enano que exhibe desnudo la desproporcionalidad de su pene (al ser pequeño parece estar mejor dotado) y no hace más que lanzar cohetes con forma pénica como aviso al gorila de mandíbula erecta y tono desafiante, Trump, que presume de atributos en sus comentarios misóginos e inluso bélicos, como cualquier chulo de tres al cuarto…

Es una simbología que, los que hicimos la mili, la vimos y la vivimos, pues nos la pasamos sacando brillo al cañón del tanque, o al mástil de la bandera, o a la proa del buque, insignia del coronel, general o almirante, mientras teníamos a nuestro personal cargo el fusil, que es el misil del soldado raso. En mi caso, primero el Máuser, que descargaba tiro a tiro con una potencia de retroceso inusitada, y luego el Cetme, que largaba ráfagas con una alegría no menos inusitada. Luego vino la mujer a compartir y adueñarse de la potencia y la alegría de las armas del macho, y lo guardamos en nuestro retorcido subconsciente en forma de agravio y rencor.

Ya sé que es psicoanálisis puro, pero el machismo lo llevamos dentro de la mente y de la bragueta desde la erección de los primeros menhires en loor al macho dominante. El hombre ha practicado la falocracia asociando su atributo físico a su estado mental. Así ha sido siempre. Y ha hecho un símbolo del homo erectus con el pensamiento en otros parámetros. Al final, con respecto a la mujer, ha sido la dominación del sexo contrario por el propio sexo. “El hombre creado a nuestra imagen está demasiado solo. Démosle una compañera”… reza en el Génesis. Así que yo estaba primero y marqué mi territorio para quién viniera después…

El tsunami de denuncias de mujeres, avivado y avalado por el feminismo más radical, que sacude el mundo, lo demuestra. Todas se refieren al acoso sexual del varón sobre la hembra. Aunque sea con ridiculeces como descansar la mano sobre el hombro, piropear, o mirar de una forma determinada. Todo vale para combatir el sexismo del hombre, porque es la intención escondida lo que importa tanto como el hecho consumado. Todo sirve para humillar su falomanía. Y quizá lleven razón, y quizá lo tengamos merecido. Lo que pasa es que solo vale para alimentar la confusión de la propia mujer sobre el propio hombre.

La actriz española Blanca Portillo, en una entrevista en El País, se sumaba (es más fácil y cómodo sumarse que retraerse de este movimiento) a esta marejada, y justificaba sus excesos con una frase: “a mí también me gusta decir sí o no, y elegir cuándo quiero o me apetece”. Y no lo voy a discutir. La cuestión es, ¿cómo accede o se niega, y elige libremente, sin que el otro se lo proponga, y no se utilice tal proposición como un ataque sexista?.. Yo no lo sé. Y otra pregunta más al caso es: si la que propone o se insinúa es ella, ¿no puede considerarse igual acoso sexual de la mujer hacia el jodido y puñetero macho?..

Es que, una vez ya puestos y puestas, pues claro… Y es que el penismo y el vaginismo pueden llegar a ser lo mismo, llegado el caso…

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