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¡¡ DIOS… QUÉ COSAS !!

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Leo en algún sitio – creo que en El País – sobre la desaparición de un turista británico, un tal Oliver McAffee, en el desierto del Néguev, en Israel. Parece ser que han saltado las alarmas, porque es el tercero de este año en volatilizarse allí, pero el último de una laaaarga lista (cien anuales) que presentan una patología, el “síndrome de Jerusalén”, que consiste en, nada más pisar Tierra Santa los creyentes, padecer alucinaciones y trastornos de la personalidad que les hacen, incluso, creerse a sí mismos personajes bíblicos. El profesor Eliezar Witztum es, hoy por hoy, el mayor y más destacado estudioso de este fenómeno, y una autoridad en la materia.

            El informe de este experto dice que existen cada vez más turistas (del turismo religioso) que alteran el orden público, y que están obligando a la policía a especializarse en sus actuaciones ante esta anomalía. Que hay  quiénes improvisan túnicas con las sábanas del hotel y deambulan creyéndose Jesucristos, o Vírgenes Marías… Mesías que te la lían en cualquier parte, o Magdalenas que vagan como almas en pena… Eitztum habla incluso de una mujer irlandesa que se presentó en un hospital porque iba a parir al Niño Jesús, o el de un americano que quiso derribar el Muro de las Lamentaciones porque pretendía ser Sansón…

            Su dictamen es tan elemental de explicar como sencillo de comprender: “en un lugar de enorme potencial y carga emocional como éste, en unos tiempos de gran vulnerabilidad psíquica como estos, y con cada vez mayor aporte de inestabilidad mental como en la actualidad, no resulta extraño que la influencia ejercida resulte marcadamente desequilibrante.”

            Y añade que el tal McAffee, último desaparecido en el Néguev, del que se han encontrado su bicicleta, mochila y documentación con algunas notas manuscritas de su puño y letra, indican su decisión de emular a Jesús en su cuarentena evangélica, y avanzan a una desaparición voluntaria. Lo malo son los otros que, como San Juanes, le han precedido, pero que aún no habían aparecido ninguno de ellos…

            Pues menudo problema tiene Israel con ocupar Tierra Santa. Una salida económica como es el turismo para cualquier país, y en el caso de lugares tan importantes para tantos, la ventaja se le convierte en papeleta. O se les chalan nada más pisar tierra tan mediática, o ya les llegan chalados de origen y dispuestos s marcarse el número pasionario. Y no ganan pá sustos…

            Yo le sugiero al Netanyahu que los derive a España. Aquí los mandamos al salto de la verja del Rocío, y si no se curan, los entretenemos entre romerías y mariologías hasta la Semana Santa, en que, crean lo que crean ser, se les encaja de su personaje en la procesión correspondiente. Y los aprovechamos divinamente, y nunca mejor dicho… Y si no quieren los judíos perder cuota turística, les exportamos – por lo que valga – media docena de hermandades procesionales de los cientos de Cristos que disponemos, y les procuran tratamiento allí mismo…

            …Además, acho, tío, una de nuestras “prosesiones” en los mismísimos y sagrados lugares… mira, se me ponen los pelos como santas escarpias, quedaría de lujo. Ni cosa más apropiada ni mejor traída al caso… Mano de santo, oye…

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