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NI LO UNO, NI LO OTRO.

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Dicen los científicos que ellos tienen muy claro lo del cambio climático (aparte la degradación por contaminación) en el Mediterráneo. Que existen signos clarísimos, como el cambio estacional de lluvias, la intensificación de las gotas frías, el incremento de las noches tropicales en el estío, o el calentamiento del agua del mar, que hacen seguro e irreversible su diagnosis sobre los efectos ya establecidos de subida de los niveles, inundación de playas y zonas bajas, pérdida de las costas, etc…

En cuanto a nuestro Mar Menor, la cosa nos llega con la sordina puesta, pues son múltiples y poderosos los intereses en ver solo lo que se quiere ver y en no mirar lo que no se quiere mirar, aunque se debería. Digamos que hay confluencia de intereses, empresariales y políticos, que se amigan o se enemigan según cuándo, cómo y dónde apriete el bolsillo de los unos y el zapato mamandurrial de los otros. Este verano reciente, por ejemplo, existe consenso general de que el pequeño mar ha estado mejor, mucho mejor dicen, que el pasado. Agua clara, transparente y guay del paraguay. Como si no pasara nada. Todo controlado… a pesar de que las redes antimedusas han bajado a las zonas de baño del personal como nunca, y que los levantes han respetado la removida de fondos para que no subiera la turbidez a la superficie.

 Esto no me lo estoy inventando yo, pues me lo dicen visitantes que no han vivido los brindis al sol que luego leen en la prensa, y no tienen empacho en contármelo. “Que no te engañen… el sopicaldo caliente y oscuro en la playa de… lo he visto yo cada fin de semana”, me sueltan. “No es verdad lo que se dice y se escribe en los periódicos”. Y yo ya no sé quién dice verdad y quién dice mentira, pero ahí está… Luego, tengo un amigo próximo a ciertas áreas edafológicas, que me suelta a la oreja que los científicos más o menos contratados por la administración regional para hacer frente al desastre primordial están que trinan, y muy disgustados, pues sus contratantes creen que el contrato les da derecho a manipular los resultados y a ponerles mordaza, y se muestran contrariados por no poder salir al paso a los cantos de sirena, falsedades e inexactitudes que se pretenden difundir…

Bueno, pues nada, ahí queda eso y que no nos la den con queso, que diría El Repuntín… Pues bien, vale, pos d´acuerdo… pero esto cuela por muchas razones, ya digo. Porque a los políticos les interesa más la cohetería que la confesión y arrepentimiento. Mucho menos la penitencia. Cuestión de alto voltaje. Porque  los empresarios del ramo se están jugando las habichuelas, y no se hable más. Porque los propietarios privados defienden el valor de su propiedad, como es natural… Y hablando mal del burro no lo vamos a vender, acho, tío…

Cosa que no ocurre así, incomprensiblemente, por ejemplo, en los pueblos de interior y bancal, donde sus gentes no los pueden vender peor de lo que ya lo venden (versus tema inmigración), donde el amo del burro paece más burro que el propio burro, y le echamos más mierda a la finca de la que ya tiene.

Pero lo cierto, es que ni la cosa es tan cojonudamente ferpecta como nos lo cuentan, por un lado, ni tampoco es tan agonías como nos lo representan por otro. Es solo cuestión de no ser lo suficientemente tonto como para dejarse engañar. Nada más.

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