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UN CASO DE MUCHOS

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Esto es la repera limonera. El otro día estaba yo cafeteándome en un bar, solo. Sin más compañía que uno mismo, que ya es tener mala sombra. Al otro lado de la barra, una pareja de mediana edad me miraba intermitentemente, y a mí me pareció que él me señalaba y le decía algo a ella, con respecto a mi persona… Yo disimulé, algo turbado (no sé por qué leches uno ha de turbarse, pero se turba) mirando la pantalla del televisor. Tuve que tener un aspecto absolutamente agilipollado viéndome interesarme en un anuncio de Shilly Bang, o como puñetas se llame el engendro, pero enfín…

                        Por el rabillo del ojo veo que se me acercan, se presentan, diciéndome que me conocen por el periódico, y que son de por allí cerca, aunque yo no los conozco, la verdad, y que alguna vez han oído mi programa de radio, y que hace poco se han apuntado a mi plato de Migas (acrónimo de mi nombre y apellidos) diario… y que, qué casualidad, azar de los azares y los azahares, encontrarme allí, en el extremo de la barra, analizando con tanto ahínco un anuncio de detergente – este último añadido es mío, porque sé que no lo dijeron por pura educación, pero seguro que lo pensaron – etc., etc., etc…

                        Pueden suponerse los que leen esta crónica (ahora también la leerán ellos, pero lo asumo), lo ufano, orondo y lirondo que se me puso el jodido ego. Si me pinchan, ni me desinflo… Luego, después de los corteses prolegómenos a que una situación así obliga, imagínenselo, es cuando van y me sueltan, así, de casi sopetón, sin anestesia ni análisis previos ni nada, que por qué no hago una serie de artículos, o algo, sobre los Evangelios Gnósticos… ¡¡Así, como lo oyen..!!. Acojonadito perdío me quedé. Me aclaran, muy amables ellos, que es un tema recurrente, a los que cito con bastante frecuencia en mis artículos, y que también es una temática – la de la religión – a la que ellos y un grupito de amigos, son aficionados y están muy interesados… Y que algunas veces lo han hablado entre ellos, y que si tal y tal, y que si cual y cual, y todo cuanto se suele decir con la mayor delicadeza y corrección en estas situaciones (que digo yo que se dirán, claro).

                        Naturalmente, les dije que bueno, que a lo mejor, quizá, es posible… que pudiera escribir algo suelto sobre ello, pero iniciar una serie de artículos, así, en plan J.J. Benítez, pues como que no… Primero, porque no está en mi mano, pues los que aún osan publicarme me dirían que no es tema que interese mucho, y segundo, porque eso es verdad, además de que interesa a bien pocos, si encima de esos pocos entro yo, aún somos menos. Y que no es correcto abusar así del resto del personal que me lee, y que si esto y que si lo otro…

                        Pero no parecieron arredrarse por mis, creo y así lo espero, que correctas y educadas prevenciones. Así que contraatacaron, reconvirtiendo la posibilidad en una conferencia, una charla, “que estaríamos dispuestos a sufragar, ¿eh?..”, me aclaran con cierta delicadeza… Eso – les contesté – es más lógico, pues acudirían solo los que se siente atraídos por estas rarezas, y no se impone a ningún grupo de lectores, pero, claro, se necesita un local mínimamente acondicionado y dispuesto a ello. No suele haber sitios que alquilen, y si los hay suelen ser bastante caros. Miren, mejor solicítenlo a quiénes los tienen al servicio del ciudadano, que los mantiene con sus impuestos: los ayuntamientos.

                        Ya lo hemos hecho – me dicen – y nos informan que esas salas están para lo que ellos programan desde sus fielatos culturales, y que si ellos quieren pagar a alguien para su uso, al andar dinero de por medio no se pueden dejar. Aunque los edilatos sí paguen a los conferenciantes que traen y programan, que eso es otra cosa, mariposa (¿?)… Mi abuela usaba mucho aquella frase de “si cagas, mueres, y si mueres, cagas, hijo mío…” para estos casos. Entonces les dí la solución. Queridos, solicítenla, paguen ustedes una tasa, impuesto al efecto o donación, al Ayuntamiento, por su uso. Que con esa tasa, impuesto o donación, o lo que sea, el Ayuntamiento me contrate para dar esa charla, ciclo, o lo que también sea, y que, al meterme en su programa, y darla en sus instalaciones, ustedes tan solo estén atentos de cuando se publique el anuncio de la misma a través de su oferta. O si no, yo mismo les avisaré.

                        Se quedaron un poco aturdidos, pero me apresuré a aclararles: entiéndanlo así, es como un lavado de dinero negro, o algo parecido… No es fácil de entender pero sencillo de comprender, aunque parezca la paradoja que realmente es.- No me dijeron qué Ayuntamiento era, pero a mí no me extraña de ninguno…

Si nos envía su petición a admin@escriburgo.com le suscribiremos gratuitamente a las MIGAS diarias de Miguel Galindo

El próx. Viernes, 9/11, a las 10,30 h., en radio T.Pacheco, FM 87.7: 7 EL ATEO ESPECULAR. Muy interesante.

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