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40 AÑETES

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¿Conocen mis seguidores algún algo o algún alguien que haya nacido hace cuarenta años y no necesite ningún arreglico de algo?.. y no me refiero a remiendos de guapura, si no de compostura… Usted se hace, o compra, o se hipoteca, en una casa donde vivir su vida, y no pasa un cuartillo de siglo sin que tenga alguna gotera, alguna grieta por algún sitio, la carpintería hecha unos zorros o las paredes hechas un asco. Es lo normal. No digamos una persona. Usted mismo. O su primo, o su vecino… En cuarenta años ha dado tiempo de que le crezca el pelo donde no debe y se le caiga de donde debe estar. Incluso puede que los dientes. Necesita gafas, ir al gimnasio, o al médico, puede que al psiquiatra. Sus carnes están más arrugadas y sus músculos más ajados… Y hasta se constipa con mayor frecuencia.

Bueno, pues nuestra Constitución tiene esos cuarenta años. Y le clarea el pelo, tiene algún diente cariado, algo de astigmatismo, un poco de reuma… y ya no mea tan lejos y con tanta fuerza como antes. Se nos ha vuelto talludita, como nosotros, que la vimos nacer. Lo que pasa es que no queremos darnos cuenta. Parece como que reconocerlo es también reconocer nuestra propia vejez, y como tenemos pegada al pellejo la cultura del Inserso de pajaritos por aquí y pajaritos por allá, y tres con las que saques (yo digo que menos pajaritos y menos sacar lo que antes haya que meter) pues disimulamos cómo y cuánto podemos. Y eso les pasa a los cuarentones que nacieron con ella – aunque algunos aún vivan con sus padres – y nos pasa a los que ya hemos saltado el “agua-vá” de los setenta y ya vislumbramos al lobo de los ochenta. O sea, más o menos a los que ya teníamos ayer lo mismo que hoy tiene la Constitución. Por eso mismo deberíamos darnos cuenta.

Lo que está claro, y es lo que quiero decir, es que la factura del tiempo es compatible con la plenitud, la experiencia, el conocimiento, la sabiduría, la sutileza, la astucia, y una montonera de cosas más que aportan positivez a los años. Y eso es bueno a la hora de solucionar problemas o de afrontar ciertas historias. De acuerdo. Pero se pierde agilidad, visión, agudeza, y otras cosas igualmente propias de esa misma vejez…

Naturalmente, se me dirá que una Constitución no tiene un cuerpo físico que se deteriora como el de una persona. Claro que no. Pero tampoco tiene un cuerpo mental donde, depositando sus experiencias, conclusiones y sabidurías, las procese su cerebro y, actualizándolas, les saque provecho. Así pues que eso debe de hacerse con cambios en su propia estructura, conforme va adquiriendo la experiencia de su propia aplicación en el desarrollo del tiempo y sus circunstancias. Son las personas que utilizan esa herramienta las que adquieren las conclusiones necesarias para cambiar, actualizar y mejorar tal herramienta. Y deben actuar en consecuencia.

La autocomplacencia no es una buena estrategia. Y la autosuficiencia aún menos. Hoy nos enfrentamos con problemas de los que ayer ni olíamos. Y ya no estamos en la famosa Transición. El artilugio que armamos en 1.978 necesita unos ajustes y añadidos para afrontar los retos de hoy, no los de hace 40 años. Aquello fue consecuencia de otros 40 años anteriores de absolutismo, dictadura y ausencia de todo régimen de libertad. Éramos huérfanos de nosotros mismos, y tuvimos que dotarnos de lo que carecíamos para gestionar esa misma libertad recién conseguida. Y lo hicimos muy bien. No lo hagamos ahora tan mal...

El próx. Viernes, 07/12, a las 10,30 h., en radio T.Pacheco, FM 87.7: 7, CUENTO DE NAVIDAD , o lo que no se nos debería olvidar

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