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CRÍTICAS

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            Tomamos mal las críticas. Muy mal. Todos tenemos un ego tan susceptible como una pluma. Yo también. No sé si es fruto de los tiempos, de la educación recibida, o de lo que nos han hecho creer. La verdad es que no lo sé… Pero lo cierto y verdad es que saltamos como un resorte por cualquier ataque, real o ficticio, a nuestra dignidad, también real o ficticia, porque esa es otra, que muchas veces no sabemos lo que es nuestra dignidad.

            Me pregunto si es de la educación recibida, y me contesto que de la que nos dieron a los de mi generación, lo dudo mucho. Porque, aparte de sufrir parte de la posguerra y la humillación de una dictadura, las normas en las casas y en las escuelas eran de una rigidez acojonante. Hoy sí que se ensalza y halaga el ego de las criaturas desde la más tierna edad, y en una sociedad opuesta a aquella, ésta forjada en el egotismo y el consumismo más generalizado. Y, sin embargo, ni ellos, ni sus papás, ni sus abuelos tampoco, aguantamos un toque de atención. Por lo que habrá de convenir que algo nos ha influenciado a todos en ese sentido.

            ¿Quizá un concepto social de “mis derechos” muy mal entendido?.. Puede ser. Entre todos, viejos y jóvenes, nos hemos fabricado una sociedad hedonista y ególatra, en la que nos regimos por principios individuales más que comunales. Y, sin embargo, incongruentemente, por otro lado jamás hemos estado tan adocenados y tribalizados como en la actualidad. Nos convertimos en gente totémica con la misma pasmosa facilidad que damos un culto desmedido a la personalidad. Si es ajena, fabricando falsos ídolos de masas, y si es propia, encementando nuestro orgullo hasta el punto de matar por una crítica recibida.

            Somos más proclives en un momento dado, si la cosa viene bien y nos mostramos condescendientes y generosos, a hacer endocrítica (autocrítica), que a soportar una exocrítica, ya me entienden. Y hasta eso nos cuesta trabajo… Que conste que la autocrítica es buena, si se hace como ejercicio de sinceridad y autolimpieza. El tomarse en el día un ratico de calma y darse un repasico de nuestras actuaciones es bueno y saludable. Mucho mejor si, además de interiorizarlo lo exteriorizamos y lo reconocemos compartiéndolo con algún prójimo próximo…

            Sin embargo, aun siendo eso positivo, todavía lo mejora el que aguantemos y soportemos con elegancia cuando las críticas nos vienen de los demás… Y yo tampoco me estoy poniendo como ejemplo, que conste, es tan solo que una reflexión compartida, no me malinterpreten ustedes… Yo lo intento, aunque mis argumentario no siempre consiga una digna defensa. Sin embargo, las críticas, sean éstas justificadas, o no, siempre actúan como las vacunas, que por un lado probamos nuestra propia enfermedad a través de nuestra igual de propia medicina, y por otra nos vamos inmunizando del sufrimiento que nos supone aceptarlas. Piensen que, si somos objeto de críticas, es porque estamos vivos, y eso es más bueno que malo.

            Quienes viven de criticar y ser criticados son los políticos. Ya no hacen mítines, ni congresos, ni campañas, ni declaraciones públicas, ni… Tan solo se dedican a criticar a los contrarios, como los contrarios a ellos. No hacen otra cosa que atacarse mutuamente. Lo que en las personas normales las críticas pueden ser el antídoto que evite males mayores, en ellos es una epidemia pestilente. Ellos pueden estar acostumbrados al hedor. Lo malo es que nos acostumbremos nosotros…

El próx. Viernes, 08/02, a las 10,30 h., en radio T.Pacheco, FM 87.7: 7, IGNORANTE INGRATITUD.-Reconozcámoslo

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