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MARÍA, LA VIRGEN…

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Leo en el periódico que “la Virgen de la Fuensanta ya está de vuelta en Murcia”, como si se hubiera ido a pasar una temporada en su casa solariega de la montaña, y hubiera vuelto a casa. Cuando regrese allá, se dirá que La Virgen de la Fuensanta ya está de vuelta, de nuevo, esta vez al sitio que lleva su nombre. Y nunca sabremos dónde está de vuelta ni dónde de ida… pero, bueno, esto es anecdótico, como una introducción intrascendente a una reflexión trascendente. Permítanmelo.

            Y lo trascendente – para mí, al menos – personalmente, es que ha vuelto (o la han vuelto, pues ella ni viene ni vá, si no que la traen y la llevan en imagen) cuajadica de lujoso ropajes, adornos, costosas joyas, cargada de pedrería y ricos complementos. Como todas las Vírgenes, pero no como la Virgen de la que se habla en las Escrituras, fuera lo que fuese la madre de Jesús, el Cristo. La transportan de aquí para allá, ricamente ataviada como cualquier ídolo totémico, y además la traen que pase aquí la Semana Santa y asista al desfile de advocaciones de Sí Misma, también cual de ellas con más lujos y detalles, y enjoyadas riquezas, y costosos ropajes, compitiendo entre sus propias imágenes… Delirante.

            Y es precisamente eso, toda esa parafernalia de pasos, paseos, idas y venidas, vestida de recargadas riquezas, lo que entusiasma y vuelve loca a toda la gente. O sea, todo lo contrario a la auténtica y genuina doctrina de Aquel sublime galileo. Lo espectacular de ese procesioneo contrasta demasiado con la humildad del personaje en el que se basan estas profanas espectacularidades, extrañas a todo sentido real e histórico, y tan ajenas a la fé original… Jesús, como buen judío que era ante todo, fue un perfecto iconoclasta, no un adorador de imágenes, como hacen sus declarados seguidores. Y lo lógico es que esté espantado de ver el espectáculo circense que se monta en Su nombre, si es que ese Hijo del Hombre también es Hijo de Dios, y lo está viendo desde cualquier esquina de cualquier eternidad. Nada más alejado de su realidad y de su propósito…

            ¿Aquella María, madre del nazareno aquel, se vio a sí misma como la engalanada figura de sus devotos contemporáneos?.. Por supuesto que no. Nada más lejos y apartado, y disparatado… Estoy seguro que incluso se consideraría ofendida. No podría ni andar, la pobre, con toda la cacharrería y bordaduras con que se la disfraza en rica idolatría. Pero es en lo que la hemos convertido. La Iglesia, detentadora de los católicos rituales, se aprovecha de su posición sacudiéndose el muerto de encima: Religiosidad Popular la llama, se excusa e intenta explicarlo y justificarlo. Y a mí que me registren, dice como buena farisea…

            Pero caya quiénes han creado, criado y fomentado esa religiosidad popular, que, por falsa, manipulada y deformada, en vez de combatirla, por el contrario, se esfuerzan por alimentarla y aprovecharse de ella en la parte que les toca. Y les toca buena parte en el negocio…

            Entre tanta mentira y absurdo, se agiganta aquella humilde figura de mujer y dolorida estampa de madre, ocultando sus lágrimas bajo un viejo y raído manto de pobre mujer pobre, cargando su horrible sufrimiento sobre el brazo que le ofrece Juan, el joven y no menos pobre discípulo, derrumbados ambos ante la cruz de la que cuelga, desnudo y desvalido, el Hijo de una y el Maestro del otro, que ha sido condenado a muerte precisamente por eso mismo, por enfrentarse a un sacerdocio que había convertido al Padre en dogma, riqueza, influencias, poder, rito… y había hecho del Templo un espectáculo y un muy floreciente negocio. No… Aquella María no es esta Vírgen… No me lo creo por muchos espíscopos que me lo aseguren… Ni de coña.

           

El próx. Viernes, 12/04, a las 10,30 h., en radio T.Pacheco, FM 87.7 (queda colgado en YouTube): TODA UNA LECCIÓN.  A veces, nos sale bordada...

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