Saltar al contenido


Por primera vez en la historia de Arco, la famosa y prestigiosa (a partir de ahora, ya veremos) Feria de Arte Contemporáneo, en Madrid, se ha ejercido la censura en una de sus obras expuestas. Una colección de fotos, bajo el título de “presos políticos”, entre los que incluían los últimos tres catalanes mediátindependentistas encarcelados. Grave error – y es mi personal opinión, claro – por parte de los censuradores de opinión. Y es que no me gusta la censura, aunque sea contra una mentira. Será por la cantidad de censura que he soportado durante más de la mitad de mi vida, pero le tengo alergia. Ya digo, ni siquiera contra los embustes. Censuras una mentira y la conviertas en una falsa verdad.

            Si alguien falta a la verdad y se le censura, el censor asume la mentira como verdad, y por eso intenta quitarla de en medio. Y, como en este caso, carga con la culpa de represor de las libres expresiones y de político censor de verdades. Por el contrario, si se deja exponer sin censura, se demuestra, no solo la libertad de expresión, si no la indiferencia por la falsedad que se expresa en la obra. Es obvio.

            Otra cosa muy distinta es el concepto del arte, naturalmente. Una serie de retratos colgados de una pared sin ninguna otra expresión (¿artística?) que lo que se dicen que son – de presos políticos – no le veo yo el arte por ninguna parte, pero bueno, en fin… Cada cual, o cuála, puede colgar de sus paredes lo que le guste, interese o le venga en gana. Cada cual, o cuála, es libre también de pensar lo que le apetezca. Como yo mismo. Y si hay un tontarras bandarras que, por que tiene las meninges podridas de independentismo surrealista, paga un pastón por la gilipollez, pues cojonudo para el espabilado listorro, ¿no?..

            Pero al utilizar el secuestro solo se pone en evidencia el secuestrador. Aquí, después de la metedura de pata, viene a ser que nadie ordenó retirar la obra. Resulta que a las fotos de los capullos en flor les nacieron patas y se fueron ellas solas. Sin embargo, el daño está hecho. Y España está perdiendo con todas estas torpes actuaciones el prestigio ganado con la democracia. Ya se encargan de airearlo cuanto podemita, populista y nazi/onalista tenemos en el gampón, como diría un gaucho…

            Y les estamos dando la razón a los que son especialistas en sus modos de falsear, desvirtuar y retorcer la realidad. Aunque exista una realidad mezquina e involutiva de este gobierno, que ha perdido los papeles abordando una tendencia malsana de capar cualquier libertad de expresión que hiera ciertas susceptibilidades, como la de los whatshapperos, rockeros, carnavaleros, esquineros o palanganeros de quién sabe dónde… Y se están desautorizando lamentablemente a sí mismos, en lugar de dejar que se desautoricen ellos solicos con sus lamentables actuaciones.

            Las personas hablan y los burros rebuznan, ¿qué vamos a hacer?, ¿prohibir rebuznar a los burros?.. Dijo Cristo en su Evangelio que el escándalo no está fuera de nadie, sino dentro de cada cual. Arráncalo de ti – añadió – y arrójalo fuera y lejos de ti, y tal escándalo dejará de existir. Pues eso. Estamos tan pendientes de las ofensas con que nos ofendemos a nosotros mismos, que les otorgamos la importancia que no tienen. Y nos convertimos en inquisidores… Otra cosa son los falsarios y falsificadores, los mentirosos, asesinos y corruptos. Pero hay más ofendidos y ofensores en los juzgados españoles que auténticos delincuentes. Ya lo creo que sí…             


El saldo que arroja la fusión de BMN, antes de otra fusión Cajamurcia, con Bankia, es del cierre de un mogollón de oficinas. Dieciseis en la región, 2.510 trabajadores a la calle, más otros 200 de digitalización, además de 375 que estaban en excedencia…

¿A qué o a quiénes beneficia entonces estas fusiones?.. Al bien general, desde luego que no. Es que, aparte de lo que nos costó el rescate bancario a la gente, encima… Se aprovechan de nosotros y luego nos dan la patada… Y el gobierno, silbando y contando nubes.

Les regalamos nuestro dinero a cambio de que nos despidan. Cojonudo. Ellos vendidos a las financieras, y nosotros votándoles…


En el contencioso catalán no todo es malo. Hay que hacer un esfuerzo en buscar lo positivo para no caer en el pesimismo y en el desánimo. Y es que todo problema, por grave que sea, tiene sus… llamémosle “beneficios colaterales”, como los definiría el prestigioso columnista Félix de Anzúa. Y la cuestión catalana, por enquistada que se vea, tiene, al menos, un par o tres de cosas buenas y positivas, a saber:

            Una es que Rajoy, y el PP por referencia y deferencia, se han dado cuenta de que las resoluciones del Tribunal Supremo, como las del Constitucional, deben cumplirse sí o sí. Ellos mismos, también. Y es que, aunque parezca que no, hasta ahora los del bipartidismo tradicional (la pareja de baile PP y PSOE) estaban muy asentados en el predominio supremacista vasco y catalán, que utilizaban cómodamente en apoyos y pactos para sus negocietes y chanchullos clientelares. Los nacionalistas siempre fueron los socios ideales para intercambiar los cromos del apoltronamiento, por ejemplo: tú me apoyas en los presupuestos y yo hago la vista gorda con lo de la lengua vehicular… a un suponer o a mal señalar.

            Otra ventaja añadida es alertar a los que no se resignan a vivir bajo la tiranía de tales apaños. Por eso mismo que Ciudadanos, el partido de Rivera, nacido además en Barcelona, está obteniendo los mejores resultados actuales, a costa de un Iceta bailarín a cargo de un falso, opaco, confuso, turbio y nada de fiar PSC, al socaire de un desnortado Sánchez, y de un ciego, romo, espeso y obtuso PP, además de encabezar las encuestas en intención de voto. No solo está subiendo en su difícil autonomía, sino que también está despegando en las nacionales. Y eso les hacía mucha falta a los dos que se repartían la prepotencia de tácito acuerdo y casi que por turnos.

            Y la tercera, y no pequeña, es que los fanáticos independentistas y los del fundamentalismo barretino, o sea, de los que barren con tino (pero sin freno), y toda su caterva de sinvergüenzas, iluminados y delincuentes, están mostrando ante las instituciones europeas, mejor que antes y mejor que nunca, la calaña y el jaez de su patriotismo. Se ha descubierto cuáles son sus auténticos socios y donde reside su apoyo europeo: en los peores nazis y xenófobos del continente. Y han demostrado que están dispuestos a cargarse y hundir Cataluña con tal de seguir subidos al poder. Ese es su sentido de la democracia. Y ya todo el mundo internacionalmente los conoce como son.

            Por eso mismo creo – y quiero creer – que cuando toda esta envenenada marejada pase, y el oleaje desaforado comienza a remitir, es posible que nos encontremos que estamos mejor que antes en algunas cosas y casos, y que tengamos una más despejada perspectiva del hoy tan desgraciado asunto. Al final será lo que es en realidad. Puigdemont y su caterva de iluminados intentaron un golpe de estado contra el Estado. Por raro que suene. Y contra toda legalidad. No les salió como esperaban y querían. Los que no han salido huyendo están siendo procesados como corresponde a derecho, y cada cual intenta salvar su pellejo y responsabilidad como sabe y puede ante la justicia. Menos los fugados, claro, y los manejados por financiados…

            Pero todo se andará… De todo esto nada más me preocupa una sola cosa: las urnas. Al final, solo nosotros votamos, y solo nosotros decidimos. De hacerlo bien a hacerlo mal es el todo o nada. Y así es como se escribe la historia. Lo miremos como lo miremos, solo de nosotros depende lo que solo a nosotros sorprende.


Cuando aparece un caso como el de Diana Cler, o el último tan lamentable, la saturación informativa es abusiva, pero también sospechosa. En el primero, en un noticiario del canal gubernamental se habló, no solo de cuñados, o de la confitería de la esquina, si no de la Cabalgata de Reyes de Riantxo, del roscón, de la gastronomía, la fiesta y el turismo…

O no se tiene otra cosa de la que informar y se hiperhipnotiza al personal, o es que se quieren eliminar otros asuntos menos cómodos echando carnada a los peces…

Pero una cosa es cierta: no es normal. Nos machacan con lo que nos distrae, por morboso que sea.

MORAL

Algunos de mis habituales del programa de radio, envían a mi blog verdaderos retos, he de reconocerlo. Por cierto, aprovecho para dar las explicaciones que debo. Como tenemos el tiempo tasado, y no puedo corresponder en la emisora a cuantos comentarios me llegan, y como entresacar los que yo estime como más interesantes sería menoscabar a los no elegidos, y eso sería algo subjetivo, pues me limito a poner los primeros diez o doce que me entran. Queda pues aclarado. Pero lo que quería decir es que uno de los recibidos con motivo del de “Hoy, como ayer”, me decía sobre mi primer párrafo, que aquel nacionalcatolicismo lo que quería era imponer su moral dominante. Intercambiamos al respecto algún e-mail que otro, para, al final, quedarme colgado de su último comentario: “toda moral tiene su importancia, pero, en definitiva, ¿qué es la moral?..

Y es verdad. ¿Qué leche es la moral, al fin y al cabo?.. Y si le echamos una buena pensada, descubriremos que la moral es un aspecto de la cultura de los pueblos, de la que forma parte importante. Sí, de la cultura, digo. Y que a tantas culturas, tantas morales corresponden. Pero no una sola y única moral, aunque así quiera imponerse por el estado, o la sociedad dominante, que eso era lo que me comentaba mi comunicante… Nosotros, por ejemplo, hemos desarrollado nuestra propia moral influidos y educados bajo la civilización y cultura judeocristiana, centrada básicamente en los diez mandamientos mosaicos, si bien con una especial y esencial (y enfermiza, diría yo) fijación por el sexo, impuesta por una Iglesia Católica no menos dominante en nuestra sociopolítica.

Sin embargo, tenemos el ejemplo de la cultura inuit – los esquimales del norte – en que su moral está basada en una hospitalidad tal que, al visitante, no solo ofrece su igloo y su apreciada grasa de ballena, sino que también las atenciones carnales de su propia esposa… “puedes reír con ella”, le dicen. Y se sienten extremadamente ofendidos y dolidos si se rehúsa a ellas… O la de antiguas culturas de tribus del Matto Grosso, en que su moral estricta obliga iniciar y guiar el despertar sexual de sus jóvenes dentro de los más formados miembros de su propia familia, antes que, dicen, dejarlos en manos inexpertas o negativas de fuera de su clan familiar… O ciertas sociedades rurales de lo más profundo de China central, donde impera un matriarcado integral, en que los hombres están a disposición de la comunidad de mujeres, para labores domésticas, de procreación, o de simple placer corporal… O… así podríamos seguir enumerando culturas con sus morales específicas insertas en sus sociedades humanas.

Lo cierto es que no existen, o no deberían existir, diferentes “calidades” de moral. Son solo distintas, pero no unas mejores, ni peores, que otras. Son normas que se dan las diferentes sociedades humanas a través de sus propias culturas para vivir civilizadamente, dentro de lo posible. Nada más… y nada menos. Y cada cual tiene las suyas. Lo malo de las morales es cuando se vuelven hipócritas. Jesucristo, en su tiempo, criticaba ácidamente la doble moral farisaica, por ejemplo, y la ponía en evidencia denunciándola como una perversión. “No hagáis como los fariseos…” advertía. Y es que, cuanto más, digamos avanzada, aunque en cuestión de moral sea lo contrario, se considera una civilización, su cultura no desarrolla una moral, sino una doble moral. La de aparentar, y la de usar. Con la primera se cumplen las normas y preceptos de su tradición cultural correspondiente, y con la otra lo que conviene al interés personal de cada cual y cada cuala…

Aquella moral que yo denunciaba en ese artículo, condenaba al fuego eterno por una masturbación, a un suponer, pero excusaba generosamente un abuso, un maltrato, una violación, una persecución, y aun cosas peores, practicadas por las clases en el poder… Ayer, incluso hoy, se maldicen los pecados de la gente a la vez y al mismo tiempo que se bendicen los cañones con que se masacra a esa misma gente. En la actualidad se condenan las faltas y se absuelven los pecados. Se anatemiza desde los púlpitos y confesionarios y tribunas, pero miran para otro lado ante la corrupción generalizada, los robos descarados, las desigualdades sangrantes y la violación sistemática de los derechos humanos en nuestras fronteras del bendito y bendecido bienestar (¿?). Y se obvian los falseamientos, y las mentiras, y cuanto de podrido hay, como el descarado comercio de armas, por mal ejemplo…

Por eso digo que cada moral es fruto de su propia cultura. A una cultura decadente, corresponde una moral decadente. No puede ser de otra forma. De ahí que la autoridad moral de los que sustentan la moral hoy, es la del cero absoluto. Son tan hipócritas como aquellos fariseos del Evangelio cristiano, y tan saduceos como los de la moral nacionalcatólica, aquella de los 4R con reparos y gravemente peligrosa a los que yo aludía en ese artículo, que se rasgaban las vestiduras con las películas calientabraguetas, pero no veían el hambre, las persecuciones y desapariciones, y el ejército de muertos a sus espaldas. Que condenaban al infierno por un achuchón, pero habían protegido entre sus sotanas a los nazis buscados por la justicia. Por eso, encuentre usted su moral en su conciencia y huya de la ajena como de la peste. No es una orden, claro, tan solo es un consejo.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / El Mirador / www.escriburgo.com / viernes 10,30 h. http://www.radiotorrepacheco.es/radioonline.php

Publicado por MIGUEL GALINDO SANCHEZ en 2:38


Cuando no existían las libertades, mi padre nos educó bajo aquel mantra de “tu libertad termina donde empieza la libertad del otro”. Y como fórmula de respeto era inmejorable. Y como método de comportamiento, es inmaculado. Y como máxima, incuestionable…

Pero en la actualidad habría que matizar algo. La libertad es como las aguas jurisdiccionales de los países, pero entre personas. Yo amplio mi zona de libertad a costa de otras costas, y luego exijo que se me respete. Eso hoy se ve mucho…

Colectivos que exigen respeto para sus fes y creencias, porque sienten invadidos sus derechos (aguas jurisdiccionales) pero no respetan el derecho de otros para opinar en libertad. Y es que aún no estamos educados.


Pues a mí me gusta el Himno de España precisamente porque no tiene letra, fíjense qué cosas… Pienso que es más libre e imaginativo así, como está, que encadenado a los tópicos típicos de cualquier himno de siempre. Que si gestas gloriosas, o añoranzas inútiles, o ñoñerío y patrioterío emotivos a punta pala. Yo creo firmemente que, al carecer de letra, se puede sentir mejor la música, y ya se sabe que una música, por mediocre que sea, llega más y mejor que la mejor letra. Miren la aportada en su día por María José Pemán, por ejemplo… y no me comparen a Pemán con la Marta Sánchez, por favor…

            Estoy convencido que, sin letra, se aprecian mejor sus compases, calan más, y cada cual, o cuála, puede adoptarle y adaptarle la letra que más tilín le haga y mejor le venga en gana. A mí me suena esta última ocurrencia a aquel añejo Suspiros de España, en que el sufrido y sacrificado inmigrante lloraba por unos faralaes, un quejío cantao o por el olor a paella, qué quieren que les diga… Además, me dá que apesta a oportunismo puro y duro, a la adquisición de mediática fama, a captar comentarios, debates y fotos por un tiempo, y hacerse una publicidad impagable a costa de un himno nacional huérfano de letra, a Dios (el de las batallas, claro) gracias, y que ni puñetera falta le hace para nada.

            Es mi opinión personal, naturalmente, al igual que la han dado miles de compatriotas y compatrioteros, a los que, y a las que, con tal motivo, les han esclafado la alcachofa por la calle en el sublime y eminentísimo ejercicio periodístico - ¡Dios mío, qué nivel! – de preguntar, ¿y usted qué opina de la última parida, querida?.. o parido, querido… A mí nadie me ha preguntado, pero aquí está por si a álguienes, o álguienas, le interesa, que no creo yo, no…

            Los que deberían, aún con todo su derecho del mundo a expresar su personal opinión, ser un poquico más prudentes, dado el cargo en ejercicio que ocupan, son los políticos de alta gama, desde su responsabilidad pública y tó eso, que no sé si viene al caso, o vá… Como los Mariano Rajoy, los Albert Rivera y demás zoología política. El premio al comentario más gilipollas, por cierto, se lo lleva González Pons, que ha sugerido incluso que el himno martasanchero sea cantado en la final de la Copa del Rey, que está a las puertas… Hay que ser chapucero y tener poca responsabilidad…

            Frivolidades aparte (frivolidad, por cierto, que habrá hecho derretirse a doña Marta) deberían saber que esas finales, a las que se ha apuntado invariablemente el Barça -¡… y no quería, óiga, y no quería…! – no se cantan. Se silban. Y si se canta algo es para la oreja del Rey… Infelices.

            Por cierto, que he dicho lo de que los catalans se hacen migas de pantumaca por ganar esa Copa del Rey, y luego las ningunean ostensiblemente insultándolas y despreciándolas… Pues que se desapunten, digo yo. Que rehúsen a jugarlas. Que no les echen mano cuando se las dá el monarca de turno. Que no hagan ascos a lo que desean por rentabilidad económica y de prestigio. Que se borren de ella y hagan su propia Copa del Espetec Republicano. Que sean coherentes de una puñetera vez y no salgan de su Masía. Que no pongan la mano y luego la escupan…

            Y no creo que ahora, con letra de la señora Sánchez, se obre el milagro de la coherencia, la sapiencia y la prudencia sobre la prepotencia, la impotencia y la impertinencia. Ni mucho menos. Aquí somos idolátricos de unas cosas e himnolátricos de otras. Con lo fácil que sería, en estos desgraciados y desagradables casos, puesto que el Nacional no tiene letra, que tarareen Els Segadors al ritmo del real. Y tós tan felices y estúpidamente contentos…  


Hay un aforismo que dice: “si salvas una vida, siempre serás responsable de ella”. El otro día ví una película canadiense que planteaba ese mismo dilema…

Imagínense que salvan la vida a una persona que, tiempo después, provoca un accidente en que mueren docenas de seres humanos. ¿Se habrían ahorrado esas vidas de no haber evitado esa muerte?. ¿Son responsables indirectos de la pérdida de tales vidas?..

No se preocupen. Hay profesionales como sanitarios, policías, bomberos… que salvan cientos de vidas. Es imposible ser responsables de todas ellas. Es la vieja lucha entre el determinismo y el libre albedrío. Al final cada uno solo es responsable de sus propias acciones.


Leo en algún sitio – creo que en El País – sobre la desaparición de un turista británico, un tal Oliver McAffee, en el desierto del Néguev, en Israel. Parece ser que han saltado las alarmas, porque es el tercero de este año en volatilizarse allí, pero el último de una laaaarga lista (cien anuales) que presentan una patología, el “síndrome de Jerusalén”, que consiste en, nada más pisar Tierra Santa los creyentes, padecer alucinaciones y trastornos de la personalidad que les hacen, incluso, creerse a sí mismos personajes bíblicos. El profesor Eliezar Witztum es, hoy por hoy, el mayor y más destacado estudioso de este fenómeno, y una autoridad en la materia.

            El informe de este experto dice que existen cada vez más turistas (del turismo religioso) que alteran el orden público, y que están obligando a la policía a especializarse en sus actuaciones ante esta anomalía. Que hay  quiénes improvisan túnicas con las sábanas del hotel y deambulan creyéndose Jesucristos, o Vírgenes Marías… Mesías que te la lían en cualquier parte, o Magdalenas que vagan como almas en pena… Eitztum habla incluso de una mujer irlandesa que se presentó en un hospital porque iba a parir al Niño Jesús, o el de un americano que quiso derribar el Muro de las Lamentaciones porque pretendía ser Sansón…

            Su dictamen es tan elemental de explicar como sencillo de comprender: “en un lugar de enorme potencial y carga emocional como éste, en unos tiempos de gran vulnerabilidad psíquica como estos, y con cada vez mayor aporte de inestabilidad mental como en la actualidad, no resulta extraño que la influencia ejercida resulte marcadamente desequilibrante.”

            Y añade que el tal McAffee, último desaparecido en el Néguev, del que se han encontrado su bicicleta, mochila y documentación con algunas notas manuscritas de su puño y letra, indican su decisión de emular a Jesús en su cuarentena evangélica, y avanzan a una desaparición voluntaria. Lo malo son los otros que, como San Juanes, le han precedido, pero que aún no habían aparecido ninguno de ellos…

            Pues menudo problema tiene Israel con ocupar Tierra Santa. Una salida económica como es el turismo para cualquier país, y en el caso de lugares tan importantes para tantos, la ventaja se le convierte en papeleta. O se les chalan nada más pisar tierra tan mediática, o ya les llegan chalados de origen y dispuestos s marcarse el número pasionario. Y no ganan pá sustos…

            Yo le sugiero al Netanyahu que los derive a España. Aquí los mandamos al salto de la verja del Rocío, y si no se curan, los entretenemos entre romerías y mariologías hasta la Semana Santa, en que, crean lo que crean ser, se les encaja de su personaje en la procesión correspondiente. Y los aprovechamos divinamente, y nunca mejor dicho… Y si no quieren los judíos perder cuota turística, les exportamos – por lo que valga – media docena de hermandades procesionales de los cientos de Cristos que disponemos, y les procuran tratamiento allí mismo…

            …Además, acho, tío, una de nuestras “prosesiones” en los mismísimos y sagrados lugares… mira, se me ponen los pelos como santas escarpias, quedaría de lujo. Ni cosa más apropiada ni mejor traída al caso… Mano de santo, oye…